Damasco





No teníamos muchas ganas de ir a Damasco. Nuestras guias tenían comentarios poco cálidos sobre la ciudad, describiéndola como un "paraíso perdido". Los comentarios de otros viajeros también eran muy mezclados y mientras algunos decían que les había gustado, otros directamente la habían pasado de largo. No estábamos ansiosos por llegar a otra metrópolis ruidosa, grande, llena de smog que atacaría nuestros sentidos. Respiramos profundo y decidimos comprar un pasaje.

... O intentamos hacerlo. Cada ómnibus que iba de Palmyra hacia la capital estaba lleno y no podíamos hacer una reserva porque los ómnibus venían desde otras ciudades cargados después de un fin de semana largo. Luego de una hora y media de ver otras opciones nos aseguramos dos asientos en un ómnibus sólo porque Gaby logró que una empleada se apiade de nosotros a posteriori de que Gaby le recuerde que ella nos había dicho que conseguiríamos pasajes unas horas antes.

Luego de tener que parar en el camino para reparar el ómnibus un par de veces, finalmente llegamos a Damasco. A medida que nos íbamos acercando a ella, la ciudad se veía muy digna y elegante. Era mucho más limpia que Aleppo y parecía tener más infraestructura invertida en ella. La capital se veía antigua y no tenía rascacielos y de la forma que estaba urbanizada hacía que sea fácil caminarla o tomar taxis para nada caros. El área que rodeaba la ciudad era semi desértico.

Nos hospedamos en uno de los cientos de hoteles que están en el barrio de Al-Merjeh (Plaza de los Mártires), muy cerca de la ciudad vieja. Nuestra habitación era nueva y extremadamente limpia. La única contra siendo que era un poco calurosa y ruidosa debido a los autos tocando bocina a todas horas del día y de la noche.
Gran parte de nuestra estadía en Damasco consistió en largas caminatas alrededor de la ciudad vieja. Disfrutamos mucho los "souqs" (mercados) con sus callecitas que se doblan y zigzaguean por kilómetros y kilómetros y también nos encantó la Mezquita Umayyad, que es considerada como una de los edificios más grandiosos del Islam. Además de ver estas cosas, decidimos directamente dejar los mapas y guias en el hotel y pasar las tardes perdiéndonos en los callejones y caminos alternativos dentro de la fortaleza. Un lado de ésta es Musulmana y la otra Cristiana y era interesante ver las diferencias entre ambas zonas y ver cómo convivían una con otra.

Una mañana nos levantamos temprano y fuimos hasta la Embajada de los Estados Unidos a votar para las próxima elecciones presidenciales. La Embajada está ubicada en un lindo vecindario al pie de las montañas que rodean la ciudad y es practicamente una fortaleza de metal con un montón de soldados. Mientras estuvimos en la sala de espera, escuchábamos como los locales pedían fervientemente por sus visas y vimos las alegrías de las aprobaciones y los crueles rechazos.

Damasco para nosotros fue una ciudad especial. Mucho menos turística de lo que debería ser una ciudad que tiene los tesoros históricos que ella tiene, la recomendamos altamente.

Steve

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