
Durante nuestra estadía en Palmyra, nos enteramos que como parte del Festival de Palmyra que ya terminaba, había carrera de camellos en un hipódromo en el medio del desierto. Nos encantó la idea y organizamos las cosas como para poder ir a verlas.
Nos habíamos hecho amigos de una pareja Británica y otra Australiana y entre todos alquilamos una combi que nos llevo los 20 km desierto adentro hasta las carreras. A medida que íbamos en camino, más gente haciendo dedo se subía hasta que estaba todo lleno. El hipódromo estaba al costado de la ruta en el medio de la nada, en el desierto. Tenía un edificio muy lindo y muy blanco que nos enteramos que fue construido con dinero donado por el gobierno de Oman. Delante del edificio había una parte con un césped muy verde y muy bien cuidado. Muchos de los camellos eran criados por los Beduinos que son gente semi-nómade que vive en carpas en el desierto y se mudan seguido con sus ganados y camellos. La combi nos dejó en el medio de la gente Beduina que estaba preparando sus camellos para las carreras. Realmente fue impresionante ver todo eso y caminar entre los locales y los camellos mientras todos nos miraban.
Nos llevaron a las tarimas, donde nosotros (los foráneos) esperamos que comenzara la carrera. Range Rovers y 4x4 llevaban a los dignatarios extranjeros y a los Sheiks de la región por una ruta circular paralela y seguirían a los camellos que corren por una pista paralela. Poco después una cantidad de camellos llegó corriendo a la línea de partida y luego de las indicaciones salieron corriendo, los vehículos siguiéndolos de cerca. Cuando los camellos habían dado la vuelta y faltaban unos 200 metros para que lleguen a la línea de llegada, dejamos las tarimas y corrimos a las vallas para verlos bien de cerca. Les salía espuma por la boca y corrían con los ojos saltones mientras que los jockeys que los andaban trataban de apurarlos lo más que podían. Cuando el ganador cruzó la línea de llegada hubo mucha celebración por parte de algunos ya que las apuestas son fuertes.
Después de que la mayoría de los camellos cruzó la linea, otra cantidad de camellos salía para la próxima carrera. Un ratito después nos dijeron que teníamos que regresar a la ciudad. Dejamos las tarimas y caminamos entre los camellos y sus dueños hacia la combi. Las familias Beduinas nos miraban. En una puertita al costado del edificio, los hombres felices recolectaban sus ganancias mientras que otros hacían otras apuestas.
A medida que nuestra combi dejaba el lugar, nosotros junto con los Australianos y Británicos lamentamos que nos teníamos que ir tan pronto.
Las carreras de camellos definitivamente habían sido una de las cosas más impresionantes que habíamos vivido hasta ese momento en este viaje.
Steve







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