Hama





Hama está ubicada en el medio de Siria y es conocida por sus gigantes "Norias" (ruedas que se usan para extraer agua) que se encuentran ubicadas a lo largo del Río Orontes que atraviesa la ciudad. Las Norias eran históricamente importantes porque sacaban el agua del río y la canalizaban por acueductos que regaban los sembrados del área.

Nos hospedamos en el excelente Hotel Riad porque Muhammad, a quien contactamos a través de "Couchsurfing" trabaja ahí. Ni bien llegamos él nos llevó a su lugar favorito de Felafels (croquetas de la cocina local) y nos contó de su vida y de su ciudad.

En Hama nos tomamos unos días de descanso. Nos pusimos al día con trámites que teníamos que hacer, dormimos un montón y en general os olvidamos de viajar por unos días. Hicimos caminatas por la ciudad. Conocimos a Jordi, de Barcelona y la pasamos genial con él. Esperamos realmente volver a verlo en España en Enero.

Uno de los días en que estuvimos ahí arreglamos a través de nuestro hotel, junto con una pareja de holandeses, una visita a las ciudades muertas de Serjilla y Al-Bara. Estas ciudades son del tiempo antes de Cristo y se han conservado bastante bien a pesar de su edad. Hay muchas "Ciudades Muertas" en el centro de Siria y muchas son de poco interés y se encuentran en estado de ruina. Algunas están lejos de la civilización mientras que otras están en zonas habitadas rodeadas de siembras y con ganado pastando entre las piedras.

Serjilla y Al-Bara son consideradas como unas de las más interesantes de las ciudades muertas porque están en medio de la nada y sobre colinas de piedra blanca, tierra colorada y con practicamente nada de vegetación, que hace que la visita sea extraña y casi como si fuera cosa de otro mundo.

Mientras estábamos en este lugar, no había casi nadie a los alrededores. Fue una experiencia fantástica caminar entre las ruinas y ver los distintos edificios.

Antes de irnos de Hama experimentamos las maravillas de la burocracia Siria. Nuestras visas para permanecer en el país, como las de otros viajeros, eran por 15 días y en el 15to día fuimos a la oficina de Inmigraciones (como se nos había indicado) para tramitar una extensión. Llegamos a la oficina luego de tomar un taxi desde el hotel y en la entrada nos dirigieron, entre las hileras de gente esperando, hacia una oficina en la esquina del fondo. Esta oficinita tenía una computadora (de más de 20 años y todavía usando el programa DOS), 5 oficiales de inmigración que fumaban sin parar y repisas llenas de carpetas antiquísimas con archivos.

Era claramente la oficina de "casos especiales" y nos hicieron esperar un buen rato. Cuando llegó la hora de nuestro turno les dimos nuestros pasaportes al jefe y nos dijo que necesitábamos un papel emitido por el hotel que pruebe que estábamos parando ahí. Tomamos un taxi y volvimos al Riad, después de escuchar el enojo que tenían los empleados del hotel por la situación generada por los burócratas oficiales (no es algo requerido oficialmente) y con la nota en nuestras manos, tomamos otro taxi hasta las oficinas. Tuvimos que esperar nuevamente, a pesar de que Gaby le mostró el papel y dijo que eso es lo que necesitábamos. Cuando el oficial que no dejaba de fumar decidió prestarnos atención nuevamente, nos dijo que nuestra nota carecía de un sello oficial del hotel. Taxi nuevamente, Riad, obscenidades a los gritos por parte de los empleados del hotel hacia la burocracia, sello, taxi, más espera y finalmente deciden atendernos nuevamente.

De ahí nos enviaron a otra oficina, donde la gente se empujaba por tratar de llegar al mostrador (en realidad los Sirios no saben esperar en hilera) y pagar para obtener una estampilla requerida. Luego caminar a otra oficina para que otro intenso fumador ingrese nuestros nombres en otra computadora de más de 20 años con DOS instalado. Hacia el segundo piso para que el jefe apruebe todo lo acontecido hasta ahí, bajar al primer piso para esperar nuevamente en la primer oficina, luego obtener nuestras extensiones de visas y volver a subir para que el Capo les haga un autógrafo en nuestros pasaportes y les de validez.

En una oficina gigante, donde el Capo firmó nuestras visas, nos dio la mano y nos dijo "Bienvenidos a Siria" y un hombre apareció con bandejas de galletitas y café como acto simbólico. Ahora nuevamente legales pero mareados por la hora y media de idas y vueltas, les dimos la mano y sonreímos. Finalmente nos fuimos.

Era hora de ir hacia Palmyra.

Steve

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