Aleppo es una ciudad con mucha actividad que nos transportó en el tiempo cuando nos perdíamos en sus calles de laberintos rodeados de tradiciones Musulmanas y políglotas ansiosos por concretar ventas. Pero como mujer no me sentí cómoda caminando sola por sus calles.
Luego de cruzar el desierto en ómnibus y ver un atardecer espectacular sobre la tierra que parecía nunca terminar, llegamos a Aleppo y nos encontramos con que la estación de ómnibus había sido recientemente trasladada a más de 10km fuera de la ciudad, por lo que nuestra idea de caminar hasta el hotel donde nos quedaríamos fue rápidamente reemplazada por el acto de parar un taxi y transitamos las calles bulliciosas hasta la parte nueva de la ciudad, hasta el Spring Flower Hotel.Una de las cosas que mas disfrutamos de Aleppo fue el permitirnos perdernos en los laberintos del souq (bazar) donde la fragancia de las especies, jabones y comida llenan el aire mientras uno hace compras o mientras se aceptan invitaciones de los políglotas dueños de los locales para entrar en sus negocios y tomar una taza de té (antes de que empiecen a insistir en que les compres sus productos, por supuesto). El souq está organizado en las demarcaciones usuales, ropa en una callecita, oro en otra, telas en un callejón, chalinas en una esquina, pañuelos para la cabeza frente a estas, y especies y artículos de limpieza contrastan con los olores que emanan de los puestos de carne.
En las calles hay bullicio y repartidores que van montados en burros y carros tirados por caballos que taconean en los adoquines de las calles, nos dimos cuenta que además, tocar bocina es un pasatiempo de muchos de los conductores.
Nuestro hotel fue el punto perfecto ya que ofrecía todo lo que los viajeros necesitan y terminamos quedándonos ahí más días de los planeados, pero las calles transitadas y ruidosas no permitieron mucho descanso.
Cuando visitamos la ciudad vieja nos dio una idea de lo que hubiese sido vivir en aquellos tiempos. El puente escalonado que hay que subir para tener acceso a esta hubiese dejado a los visitantes no deseados muy expuestos a lluvias de flechas y litros de aceite hirviendo.
A unas cuadras de la ciudad vieja encontramos el barrio Cristiano Armenio donde nos pudimos dar algunos gustitos y comer unas ricas pizzas y lasañas, después de un merecido descanso de las típicas felafel y shwarmas.
Visitamos la Gran Mezquita, originalmente construida entre los años 705 y 715 DC. Aunque ha tenido que ser reconstruida numerosas veces, la única parte que milagrosamente se ha mantenido intacta hasta hoy en día es el minarete, construido en 1090. Tuvimos que sacarnos los zapatos para ingresar y yo me tuve que poner una túnica que me cubría desde la cabeza hasta los pies ya que las mujeres no pueden entrar con la cabeza descubierta ni con pantalones. El mármol blanco reflejaba el sol radiante y nos hacía doler la vista y nos quemaba los pies descalzos.
Conocimos a otros viajeros muy macanudos e intercambiamos historias e información útil y yo particularmente encontré interesante el hecho de que otras mujeres se sentían como yo: incómodas explorando la ciudad sin nuestros maridos. Algunos hombres Aleppinos no pierden el tiempo cuando te ven sola y "cruzan la raya" con sus comentarios, algo que pensamos que sienten que pueden hacer con lo que ellos consideran "mujeres viajeras occidentales liberales", suponemos. Esto es difícil cuando uno es una persona tan independiente como yo y termino teniendo que acarrear a Steve para hacer cosas que se que no le gustan hacer, como ir de shopping.
Decidimos ver algunas cosas en los alrededores de Aleppo y luego ir hacia la costa.
Gaby
Luego de cruzar el desierto en ómnibus y ver un atardecer espectacular sobre la tierra que parecía nunca terminar, llegamos a Aleppo y nos encontramos con que la estación de ómnibus había sido recientemente trasladada a más de 10km fuera de la ciudad, por lo que nuestra idea de caminar hasta el hotel donde nos quedaríamos fue rápidamente reemplazada por el acto de parar un taxi y transitamos las calles bulliciosas hasta la parte nueva de la ciudad, hasta el Spring Flower Hotel.Una de las cosas que mas disfrutamos de Aleppo fue el permitirnos perdernos en los laberintos del souq (bazar) donde la fragancia de las especies, jabones y comida llenan el aire mientras uno hace compras o mientras se aceptan invitaciones de los políglotas dueños de los locales para entrar en sus negocios y tomar una taza de té (antes de que empiecen a insistir en que les compres sus productos, por supuesto). El souq está organizado en las demarcaciones usuales, ropa en una callecita, oro en otra, telas en un callejón, chalinas en una esquina, pañuelos para la cabeza frente a estas, y especies y artículos de limpieza contrastan con los olores que emanan de los puestos de carne.
En las calles hay bullicio y repartidores que van montados en burros y carros tirados por caballos que taconean en los adoquines de las calles, nos dimos cuenta que además, tocar bocina es un pasatiempo de muchos de los conductores.
Nuestro hotel fue el punto perfecto ya que ofrecía todo lo que los viajeros necesitan y terminamos quedándonos ahí más días de los planeados, pero las calles transitadas y ruidosas no permitieron mucho descanso.
Cuando visitamos la ciudad vieja nos dio una idea de lo que hubiese sido vivir en aquellos tiempos. El puente escalonado que hay que subir para tener acceso a esta hubiese dejado a los visitantes no deseados muy expuestos a lluvias de flechas y litros de aceite hirviendo.
A unas cuadras de la ciudad vieja encontramos el barrio Cristiano Armenio donde nos pudimos dar algunos gustitos y comer unas ricas pizzas y lasañas, después de un merecido descanso de las típicas felafel y shwarmas.
Visitamos la Gran Mezquita, originalmente construida entre los años 705 y 715 DC. Aunque ha tenido que ser reconstruida numerosas veces, la única parte que milagrosamente se ha mantenido intacta hasta hoy en día es el minarete, construido en 1090. Tuvimos que sacarnos los zapatos para ingresar y yo me tuve que poner una túnica que me cubría desde la cabeza hasta los pies ya que las mujeres no pueden entrar con la cabeza descubierta ni con pantalones. El mármol blanco reflejaba el sol radiante y nos hacía doler la vista y nos quemaba los pies descalzos.
Conocimos a otros viajeros muy macanudos e intercambiamos historias e información útil y yo particularmente encontré interesante el hecho de que otras mujeres se sentían como yo: incómodas explorando la ciudad sin nuestros maridos. Algunos hombres Aleppinos no pierden el tiempo cuando te ven sola y "cruzan la raya" con sus comentarios, algo que pensamos que sienten que pueden hacer con lo que ellos consideran "mujeres viajeras occidentales liberales", suponemos. Esto es difícil cuando uno es una persona tan independiente como yo y termino teniendo que acarrear a Steve para hacer cosas que se que no le gustan hacer, como ir de shopping.
Decidimos ver algunas cosas en los alrededores de Aleppo y luego ir hacia la costa.
Gaby







No hay comentarios.:
Publicar un comentario