




Tartus es una ciudad hermosa en el sur de la costa de Siria. Nunca imaginé que estaríamos entrando en un lugar con gente tan linda y con costumbres tan familiares para mi, como Argentina.
El ómnibus nos dejó en un boulevard ancho y nos tomamos unos minutos para mirar el mapa y adivinar en qué dirección teníamos que caminar. Unas cuadras después una señora mayor comenzó a gritarnos "Vení, Vení!", en Español???
Por unos segundos mi cerebro se congeló y le pregunté, "Me está hablando en español?" a lo que me contesto "Si! Argentina yo! Vení! Sentate!" casi como con un acento gitano. Eran dos hermanas y un hermano. Todos habían nacido en Siria pero habían pasado la mayor parte de sus vidas en Argentina y decidieron volver a su Tartus natal para pasar sus últimos años de vida, todos están en sus ochenta y algo. Luego de pasar un largo rato con ellos y escuchando sus historias, decidimos seguir camino en busca de un hotel.
Cuando íbamos a cenar, un chico joven muy agradable se nos acercó para preguntarnos si necesitábamos ayuda y eso terminó en una linda cena para tres y en varios encuentros con él y su grupo fantástico de amigos para tomar nada mas y nada menos que ... mate!!! Toda esta experiencia por momentos parecía irreal.
Caminamos las lindas callecitas de esta ciudad que es elegida por muchos de la zona para vacacionar en verano, que tiene muy buenas heladerías, muchos negocios de shwarma (el doner kebab en Turquía) y muchos bares al descubierto donde todos se sientan durante los atardeceres para fumar el narguile o "shisha" (pipa de agua) y socializar.
Visitamos la Isla de Arwad y caminamos por la vieja fortaleza, volviendo a Tartus por ferry, escoltados por las montañas de Lebanon a unos pocos kilómetros hacia la izquierda, mientras disfrutábamos de otro magnífico atardecer Sirio sobre el océano.
La gente nos paraba en las calles para darnos sus números de teléfono en caso de que necesitáramos cualquier tipo de ayuda, y sólo para ser más que cautos dijimos que ambos eramos Argentinos, en caso de que alguien sea más que sensible al hecho de que Bush sumó a Siria a los que componen el "Eje del Mal" (Corea del Norte, Irak e Irán). En Tartus encontramos extrema bondad en sus habitantes y nuevamente nos encontramos quedándonos más días de lo previsto, solo para pasar tiempo con la gente.
Visitamos el "Crac de los Caballeros", un castillo espectacular de las épocas de las cruzadas que data de más de 800 años y que según T. E. Lawrence (Lawrence de Arabia) es "el mejor castillo del mundo". El ómnibus nos dejó en el cruce y tuvimos suerte de encontrar un taxi cerca que nos llevó hasta la cima de la montaña. Hicimos "dedo" para regresar a Tartus justo a tiempo para encontrarnos con Hamza, un chico local que contactamos a través de "Couchsurfing".
Tartus es un lugar hermoso y la tranquilidad del lugar, sumado a lo bienvenidos que fuimos por los locales, nos permitió relajarnos y disfrutar y al mismo tiempo aprender mucho sobre el país y su cultura. Definitivamente lo disfrutamos mucho.
Gaby

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