

Luego de visitar Turquía estábamos listos para pasar a Siria.
Nuestro ómnibus desde Dogubayazit llegó a Diyarbakir pasada la medianoche y decidimos hospedarnos en un hotel, para el día siguiente seguir camino hacia Mardin, en el Sur. Los días que estuvimos ahí fueron dedicados a terminar algunos trámites y alistarnos para cruzar la frontera.
Decir que teníamos nuestras reservas sobre la visita a Siria es quedarnos cortos. Habíamos leído las advertencias del Departamento de Estado de los Estados Unidos, escuchado las recomendaciones de nuestros amigos y a medida que se acercaba el momento de ir nos pusimos más nerviosos. Cómo sería? es verdad que hay radicales empedernidos por todas partes?
Tratamos de preguntarle a la gente de Turquía si era mejor que crucemos en Qamishle (a 85 km de Irak) o que viajemos 6 horas por el lado Turco hacia el Oeste y crucemos en el punto más utilizado para esto que queda cerca de Aleppo, la segunda ciudad más importante de Siria. Nadie hablaba suficientemente inglés como para contestar esta pregunta y los pocos que hablaban levantaban los hombros y decían no saber la respuesta. Tendríamos que decidir por nosotros mismos y sin tener ninguna información válida.
Decidimos ir con confianza ciega y la información que leíamos en las guías de viaje que teníamos -impresas un par de años atrás- y cruzar en Qamishle, cerca de la frontera Iraqui. Tomamos un ómnibus local desde Mardin hasta Nusaybin, un pueblo en la frontera Turca. A medida que nos acercábamos al borde con Siria, el relieve montañoso de Mardin se convirtió en un desierto plano de arena colorada que volaba por todos lados y cubría todo.
La ruta era paralela a el alambre púa que delimitaba los territorios. En el lado de Siria, podíamos ver cada 30 metros garitas con soldados armados. Estábamos bastante estresados porque de acuerdo a nuestra guía la frontera cerraba a las 3.00pm y eran las 2.30pm. Pensamos que cabía la posibilidad de tener que pasar otra noche en el país Turco.
El ómnibus nos dejó al lado de la puerta de salida de la frontera. Luego de dar nuestros pasaportes y llenar un cuestionario con los nombres de nuestros padres, obtuvimos nuestros sellos de salida. Con las bocas secas y los corazones palpitando fuertemente caminamos los 250 metros que separan la salida de Turquía de la entrada a Siria. A lo lejos podíamos ver que había algo pasando en la frontera de Siria. Dos hombres corrían alejándose de los guardias de la frontera y finalmente fueron rodeados. Luego escuchamos tiros y vimos la gente correr.
El último guardia turco nos pidió nuestros pasaportes. Viendo que teníamos pasaportes norteamericanos nos preguntó por qué íbamos a Siria.
"Para hacer turismo" contestamos.
"Por qué Siria?" volvió a preguntar mientras movía la cabeza de un lado hacia el otro en gesto de desaprobación, los gritos de los hombres escapando de los guardias se escuchaban en la lejanía.
En ese momento no estábamos seguros del por qué. "Estás segura de querer cruzar acá ahora?" le pregunté a Gaby. Y ella contestó con un débil "Si". Seguimos caminando hacia la frontera Siria.
Steve
Nuestro ómnibus desde Dogubayazit llegó a Diyarbakir pasada la medianoche y decidimos hospedarnos en un hotel, para el día siguiente seguir camino hacia Mardin, en el Sur. Los días que estuvimos ahí fueron dedicados a terminar algunos trámites y alistarnos para cruzar la frontera.
Decir que teníamos nuestras reservas sobre la visita a Siria es quedarnos cortos. Habíamos leído las advertencias del Departamento de Estado de los Estados Unidos, escuchado las recomendaciones de nuestros amigos y a medida que se acercaba el momento de ir nos pusimos más nerviosos. Cómo sería? es verdad que hay radicales empedernidos por todas partes?
Tratamos de preguntarle a la gente de Turquía si era mejor que crucemos en Qamishle (a 85 km de Irak) o que viajemos 6 horas por el lado Turco hacia el Oeste y crucemos en el punto más utilizado para esto que queda cerca de Aleppo, la segunda ciudad más importante de Siria. Nadie hablaba suficientemente inglés como para contestar esta pregunta y los pocos que hablaban levantaban los hombros y decían no saber la respuesta. Tendríamos que decidir por nosotros mismos y sin tener ninguna información válida.
Decidimos ir con confianza ciega y la información que leíamos en las guías de viaje que teníamos -impresas un par de años atrás- y cruzar en Qamishle, cerca de la frontera Iraqui. Tomamos un ómnibus local desde Mardin hasta Nusaybin, un pueblo en la frontera Turca. A medida que nos acercábamos al borde con Siria, el relieve montañoso de Mardin se convirtió en un desierto plano de arena colorada que volaba por todos lados y cubría todo.
La ruta era paralela a el alambre púa que delimitaba los territorios. En el lado de Siria, podíamos ver cada 30 metros garitas con soldados armados. Estábamos bastante estresados porque de acuerdo a nuestra guía la frontera cerraba a las 3.00pm y eran las 2.30pm. Pensamos que cabía la posibilidad de tener que pasar otra noche en el país Turco.
El ómnibus nos dejó al lado de la puerta de salida de la frontera. Luego de dar nuestros pasaportes y llenar un cuestionario con los nombres de nuestros padres, obtuvimos nuestros sellos de salida. Con las bocas secas y los corazones palpitando fuertemente caminamos los 250 metros que separan la salida de Turquía de la entrada a Siria. A lo lejos podíamos ver que había algo pasando en la frontera de Siria. Dos hombres corrían alejándose de los guardias de la frontera y finalmente fueron rodeados. Luego escuchamos tiros y vimos la gente correr.
El último guardia turco nos pidió nuestros pasaportes. Viendo que teníamos pasaportes norteamericanos nos preguntó por qué íbamos a Siria.
"Para hacer turismo" contestamos.
"Por qué Siria?" volvió a preguntar mientras movía la cabeza de un lado hacia el otro en gesto de desaprobación, los gritos de los hombres escapando de los guardias se escuchaban en la lejanía.
En ese momento no estábamos seguros del por qué. "Estás segura de querer cruzar acá ahora?" le pregunté a Gaby. Y ella contestó con un débil "Si". Seguimos caminando hacia la frontera Siria.
Steve

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