



Los dos estábamos esperando el momento en que nos tocaría visitar Palmyra y la experiencia terminó siendo mejor de lo que esperábamos ya que allí encontramos mucho más que ruinas y arena.
A medida que nos acercábamos a Palmyra veíamos como las carpas de los semi-nómadas Beduinos se camuflajeaban en el desierto y algunos camellos caminaban por sus alrededores. Llegamos a Palmyra para encontrarnos con que el presidente del país y otros Sheiks de países árabes vecinos estaban en la ciudad para celebrar la culminación del Festival de Palmyra y nos sentimos suertudos de encontrar un hotel con una habitación disponible, a unas pocas cuadras de la calle principal.
Enseguida nos encantamos con el lugar, donde la gente local te ofrece té a medida que vas caminando y los coloridos negocios de artesanías le dan vida a el desierto monocromático. El ensordecedor silencio del desierto de repente se corta con una hilera de autos tocando bocina, otro casamiento, mientras que se pasean adornados con globos blancos o de colores pastel y llevando a una sonriente novia que está camino al lugar de los festejos. La caminata hasta algún restaurante en la calle principal era frecuentemente interrumpido por otro alto en el camino para saludar a los locales y contestar las preguntas usuales de los chicos que quieren practicar su inglés "de donde son?, cual es tu nombre?" y demás.
Conocimos a unos cuantos viajeros muy agradables de Inglaterra, Alemania y Australia e hicimos planes para hacer algunas visitas en los días que seguían. Pasamos horas caminando entre ruinas y pilas de piedras bajo el sol aplastador y sacando cientos de fotos, y tenemos que decir que Palmyra es realmente un lugar muy especial. En este oasis crecen las palmeras con más verde que hayamos visto y ellas producen los dátiles más ricos que hayamos probado.
Como lo suponíamos -debido a la ubicación- nos sentimos un poco aislados porque el acceso a internet era escaso y extremadamente lento, por ende decidimos olvidarnos de lo que estaba pasando en el mundo por unos días y disfrutamos la desconexión.
La ciudad estaba llena de hombres que usaban sus pañuelos árabes en las cabezas, estos de diferentes colores y aprendimos las diferencias. Negros para los Palestinos, colorado para los Sirios, un diseño diferente en negro para los de Arabia Saudita y bordeaux para los beduinos.
Tuvimos una situación un tanto interesante cuando estábamos sentados en un restaurante almorzando y un senior bastante ancho de hombros y alto, con una larga barba negra, vistiendo una típica túnica blanca y un turbante colorado nos preguntó de donde éramos, yo inmediatamente contesté "Argentina".
"Tenés acento americano, de donde sos VOS?" mirándolo a Steve.
Este hombre había llegado al lugar en una Hummer Limousine con chofer y dos hombres que eran claramente sus guardaespaldas. Sabíamos que era el "capo" de algo. Que hacíamos si odiaba a los norteamericanos?
Steve se veía pálido y yo pensé por un segundo que en realidad no quería estar en sus zapatos.
"Estados Unidos" contesto con una voz débil (se vendría lo peor?)
"Yo soy el Ministro de Cultura de Oman y estoy viajando con el Rey de Oman. Viví en Seattle durante siete años y amo la costa oeste de los Estados Unidos. Qué están haciendo en Siria?"
"Turismo, viendo el país y conociendo a la gente" dijo Steve, con un poco más de color en su cara.
"Espero que nos quieran acompañar hoy a la noche en una fiesta y mañana en la carrera de camellos, y quiero que sepan que serían bienvenidos en Oman" dijo mientras fumaba su narguile (pipa de agua)
"En realidad estamos contemplando ir, y sí, nos verá mas tarde y mañana"
"Encantado de conocerlos" dijo, mientras nos dio la mano y se fue en su Hummer.
Nos encontramos con Jordi, nuestro amigo Español, y con otros para comer rica comida Beduina y contar historias de viajes. Realmente nos encantó Palmyra porque nos sorprendió de muchos modos diferentes.
Gaby
A medida que nos acercábamos a Palmyra veíamos como las carpas de los semi-nómadas Beduinos se camuflajeaban en el desierto y algunos camellos caminaban por sus alrededores. Llegamos a Palmyra para encontrarnos con que el presidente del país y otros Sheiks de países árabes vecinos estaban en la ciudad para celebrar la culminación del Festival de Palmyra y nos sentimos suertudos de encontrar un hotel con una habitación disponible, a unas pocas cuadras de la calle principal.
Enseguida nos encantamos con el lugar, donde la gente local te ofrece té a medida que vas caminando y los coloridos negocios de artesanías le dan vida a el desierto monocromático. El ensordecedor silencio del desierto de repente se corta con una hilera de autos tocando bocina, otro casamiento, mientras que se pasean adornados con globos blancos o de colores pastel y llevando a una sonriente novia que está camino al lugar de los festejos. La caminata hasta algún restaurante en la calle principal era frecuentemente interrumpido por otro alto en el camino para saludar a los locales y contestar las preguntas usuales de los chicos que quieren practicar su inglés "de donde son?, cual es tu nombre?" y demás.
Conocimos a unos cuantos viajeros muy agradables de Inglaterra, Alemania y Australia e hicimos planes para hacer algunas visitas en los días que seguían. Pasamos horas caminando entre ruinas y pilas de piedras bajo el sol aplastador y sacando cientos de fotos, y tenemos que decir que Palmyra es realmente un lugar muy especial. En este oasis crecen las palmeras con más verde que hayamos visto y ellas producen los dátiles más ricos que hayamos probado.
Como lo suponíamos -debido a la ubicación- nos sentimos un poco aislados porque el acceso a internet era escaso y extremadamente lento, por ende decidimos olvidarnos de lo que estaba pasando en el mundo por unos días y disfrutamos la desconexión.
La ciudad estaba llena de hombres que usaban sus pañuelos árabes en las cabezas, estos de diferentes colores y aprendimos las diferencias. Negros para los Palestinos, colorado para los Sirios, un diseño diferente en negro para los de Arabia Saudita y bordeaux para los beduinos.
Tuvimos una situación un tanto interesante cuando estábamos sentados en un restaurante almorzando y un senior bastante ancho de hombros y alto, con una larga barba negra, vistiendo una típica túnica blanca y un turbante colorado nos preguntó de donde éramos, yo inmediatamente contesté "Argentina".
"Tenés acento americano, de donde sos VOS?" mirándolo a Steve.
Este hombre había llegado al lugar en una Hummer Limousine con chofer y dos hombres que eran claramente sus guardaespaldas. Sabíamos que era el "capo" de algo. Que hacíamos si odiaba a los norteamericanos?
Steve se veía pálido y yo pensé por un segundo que en realidad no quería estar en sus zapatos.
"Estados Unidos" contesto con una voz débil (se vendría lo peor?)
"Yo soy el Ministro de Cultura de Oman y estoy viajando con el Rey de Oman. Viví en Seattle durante siete años y amo la costa oeste de los Estados Unidos. Qué están haciendo en Siria?"
"Turismo, viendo el país y conociendo a la gente" dijo Steve, con un poco más de color en su cara.
"Espero que nos quieran acompañar hoy a la noche en una fiesta y mañana en la carrera de camellos, y quiero que sepan que serían bienvenidos en Oman" dijo mientras fumaba su narguile (pipa de agua)
"En realidad estamos contemplando ir, y sí, nos verá mas tarde y mañana"
"Encantado de conocerlos" dijo, mientras nos dio la mano y se fue en su Hummer.
Nos encontramos con Jordi, nuestro amigo Español, y con otros para comer rica comida Beduina y contar historias de viajes. Realmente nos encantó Palmyra porque nos sorprendió de muchos modos diferentes.
Gaby

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