Chefchaouen


Luego de un largo día de viaje llegamos a Chefchaouen. Un taxi nos dejó en una de las puertas de la Medina (la parte vieja de la ciudad) y desde allí comenzamos a caminar cuesta arriba por las callecitas en busca de un hotel. Hay pocos lugares en el mundo que elegiría volver a visitar en lugar de ir a conocer uno nuevo pero tengo que decir que definitivamente me gustaría volver algún día a Chefchaouen.

La mezcla de arquitectura y decoración marroquí y andaluza me maravillaron y por primera vez en este viaje, cada hotel que veíamos era más lindo que el anterior y no sabíamos cuál elegir.

Primero elegimos el hotel Andalucía y disfrutamos mucho el lugar más allá de los 6ºC que hacía en nuestra habitación y del hecho que podíamos ver nuestra respiración. Las vistas desde la terraza eran increíbles y el interior estaba decorado con muebles marroquíes pintados con muchos detalles. Los pasamos fantástico tomando té verde frente al hogar a leña que prendían para nosotros en la recepción.

Las bajas temperaturas del hermoso lugar hicieron que busquemos un hotel diferente en el que tenían radiadores portátiles en alquiler para las habitaciones por lo que nos fuimos a ese.

Chefchaouen está asentado al pie de las montañas Rif con sus edificios pintados de celeste, sus pequeños balcones, tejados terracota, patios internos con árboles cítricos y con sus angostas calles. Hoteles boutique inspirados por los Riads (casas tradicionales marroquíes) de Marrakesh y Fes están por todos lados y geranios que cuelgan le dan al lugar un sabor distintamente Andaluz.


Por momentos me recordaba a la isla griega Santorini con sus pinturas azul lavanda y detalles color azul índigo en sus edificaciones.

Pasamos días caminando las callecitas de la Medina, la cual es fácil de explorar con suficientes calles para mantenerlo a uno ocupado pero lo suficientemente compacta como para nunca perderse.

Gaby

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