Marrakech

Llegábamos al final de nuestra estadía en Essaouira y nuestro próximo destino era Marrakech. Habíamos estado esperando este momento y tuvimos que esforzarnos mucho para conseguir pasajes de ómnibus ya que parecían que todos estaban completos para la fecha en que queríamos viajar.

A veces en la vida tenemos que tomar decisiones en décimas de segundos y a veces las decisiones tomadas terminan siendo las correctas. Cuando estaba empacando las cosas vi un rollo de cinta de embalar marrón que usamos para cerrar paquetes que nos auto enviamos, llenos de souvenirs y recuerdos de nuestro viaje, y todavía hoy no se por qué decidí ponerla en mi cartera.

Una hora más tarde, estábamos finalmente dejando Essaouira, sentados en un ómnibus que era bastante desagradable, viejo y sucio, cuando de pronto escuchamos un “zunk!” Alguien había tirado una piedra a una de las ventanillas laterales y el enorme pedazo de vidrio estaba astillado en millones de pedacitos, pero todavía en su lugar. No podíamos viajar así por las próximas 5 horas. Pasamos nuestro rollo de cinta adhesiva y nuestro cuchillo multiuso Suizo y dos de los locales emparcharon la ventana en su totalidad. Si, así continuamos viaje y llegamos a Marrakech.


Ya habíamos decidido que trataríamos de encontrarnos lo más posible con gente local, para poder ver el verdadero Marruecos. Nos contactamos con Ahmed, un chico amoroso del sur del país que actualmente vive en Marrakech mientras hace un Master en Política. Ahmed será un amigo para siempre, no solo nos abrió las puertas de su hermosa casa pero también nos presentó a sus amigos, pudimos experimentar Marruecos desde el punto de vista de un Chef, un taxista, un mozo, un guía turístico y un futuro político. La experiencia fue muy enriquecedora.

Una amiga mía del Valle de Napa me comentó que tenía amigos en Marrakech que nos sugería conocer y Ahmed nos ayudó a contratar un chofer que nos llevó a conocer a Kati y James, un matrimonio Inglés sumamente interesante que hace años que vive en Marruecos. James ha vivido en África la mayor parte de su vida y fuimos beneficiados de fabulosas historias mientras degustábamos una típica comida inglesa, con un fantástico vino marroquí y muy buena compañía.


Djemaa el-Fna es la plaza en la que nos encontramos una y otra vez. Esta plaza es uno de los puntos turísticos más importantes, donde se pueden encontrar el souq (mercado) con sus puestos de encantadores de víboras, Tarotistas, gente que hace tatuajes de Hena, carruajes de alquiler y mucho más durante el día. A la noche, una gigante nube de humo y vapor cubre la plaza creando un ambiente muy especial mientras cientos en cientos de puestos sus chefs cocinan todo tipo de comidas, desde caracoles hasta cabezas de oveja, desde parrillada hasta sándwiches. Djemaa el-Fna era la ultima parada de unos taxis que hacen un largo recorrido por la ciudad, y que pasan por lo de Ahmed. Viajamos con los locales en taxis Mercedes Benz de los años 70 y uno sube y baja en las paradas asignadas. Podemos decir que un día experimentamos algo que todavía nos cuesta creer. Cuando regresábamos después de otro día largo de visitar la ciudad, tomamos un taxi llevando en la mano 5kg de frutas. Cuando bajamos el taxi se fue sin que tomáramos nuestras frutas. Unos días más tarde, cuando llegamos a la estación de taxis para tomar otro que nos llevaría a casa, otro taxista nos preguntó si nos habíamos olvidado algo, la fruta estaba en su baúl! La ciudad de Marrakech le da a sus taxistas una “licencia de confianza” y parece ser bastante común que la gente recupere sus pertenencias. Eso nos dio mucho respeto por la forma en que tratan al turismo en esta ciudad.

Además de la plaza visitamos lugares fantásticos como el Palais Bahia, la Medersa (colegio teológico) Ali ben Youssef, el Museo Marrakech y mucho más.
Durante nuestra estadía en Marrakech, la ciudad festejaba su “Eid ul-Adha” (fiesta del sacrificio) en que cada familia sacrifica a una oveja siguiendo la tradición Islámica de cuando el profeta Mohammed ofreció su propio hijo a Dios, quien tomó una oveja a cambio. Aproximadamente una semana antes de la fiesta, comenzamos a ver ovejas por todos lados siendo vendidas o llevadas en la parte trasera de motonetas o camionetas y también había puestos de hombres con gigantescas ruedas de piedra que cobraban unos pocos Dinares (moneda local) para afilar los mas grandes cuchillos que yo haya visto. Sabíamos que las pobres ovejas tenían sus días contados! La noche antes de “la fecha” la ciudad completa parecía estar gritando “baaah, baaah” y yo me sentí muy mal por ellas. Nos levantamos a la mañana siguiente para escuchar unos últimos gritos, pero ya la mayoría de la gente había completado su trabajo. Charcos de sangre pintaban a la ciudad de un rojo carmín, y la gente tenia manchas en sus ropas. La ciudad entera olía como una gigante parrilla. No pudimos comer cordero después de haber pasado la noche que pasamos escuchándolas gritar.

Los edificios que vimos, los museos, los jardines, todo fue hermoso en Marrakech. Pero más que nada, tuvimos experiencias fantásticas por haber conocido a locales y haber podido experimentar la ciudad en profundidad. Lo único negativo que tenemos para decir es que hacía mucho mucho frío mientras estuvimos de visita y nos costó adaptarnos al invierno. Así y todo, la promesa de nieve nos tentó y decidimos dejar Marrakech para ir en dirección a Azrou, en las montañas.

Gaby

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