Asilah


El viaje desde Fez hasta Asilah fue un infierno. Lo hicimos en el último día de unas fiestas religiosas y la mitad del país estaba regresando a sus hogares después de visitar a sus familiares. En el primer tren logramos sentarnos pero luego tuvimos que hacer una combinación en una estación donde había cientos de personas esperando, diluviaba y tuvimos que esperar un segundo tren. Una vez que el tren arribó, dos horas tarde, estábamos empapados y tuvimos que pelear con todos para poder subirnos, luego pasamos 5 horas sentados en el suelo en medio del pasillo del coche de primera clase porque no había más lugar en ningún lado.

Cuando finalmente llegamos a la estación de tren de Asilah no podíamos bajarnos del tren porque había mucha gente bloqueando la salida y todos estaban peleando en la puerta. Tuvimos que empezar a empujar y gritar porque la gente no se movía y finalmente tuve que saltar del tren ya en movimiento, con mi mochila en los hombros. Fue bastante feo.

Llegamos a la estación de tren cansados luego de un largo viaje. Un señor que estaba esperando se ofreció para mostrarnos su pensión, en la parte alta de su casa. Acordamos acompañarlo y ver el lugar. Lo vimos y nos pareció muy lindo, decidimos quedarnos. Estaba ubicado frente a la playa y desde su terraza había una vista impresionante del océano Atlántico. Contratamos a su mujer para que nos cocine comida local y para que le de un curso de cocina a Gaby.

El clima era más cálido que en Fez, pero estaba muy nublado y las olas en el mar eran altísimas. Nos dijeron que este año ha llovido como en “los viejos tiempos” 30 años atrás. Yo no estaba particularmente feliz por haber elegido esta altura del año para visitar el país.

Asilah es un pueblo con playa de paredes blancas ubicado cerca de España. Es conocido por su fuerte Portugués de piedra del siglo XV y por su ciudadela vieja pintada de blanco.

Debido a su proximidad con España este lugar es un punto muy turístico para los viajeros Españoles en épocas de verano y muchos de ellos tienen casas de veraneo en la parte vieja de la ciudad, dentro de la fortaleza. Esta fuerte influencia Europea ha conseguido que el lugar tenga una sensación de ser menos “Islámico” y que se parezca más a un destino de veraneo de españoles adormecido. Para mi fue fantástico porque la mayoría de la gente local hablaba español y yo me podía comunicar con ellos sin tener que depender de Gaby y su francés. Comimos paella y tortilla española (dos de mis comidas favoritas).

Estaba tranquilo cuando estuvimos allí, debido al clima y la época del año. Había pocos turistas así que pudimos disfrutar la ciudad con sus encantos y sus casas blancas casi en soledad y con los locales.

Pasamos un par de días caminando por las playas, puertos, explorando la Medinat (parte vieja de la ciudad) y la fortaleza. Fue una estadía muy agradable y relajada.
Steve

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