


Dubai nos fascinó. Es un lugar tan interesante, esta isla de lujo y negocios internacionales que está en expansión en el medio del inhospitable desierto en una parte del mundo islámico. Es un lugar que necesitaba de más tiempo para poder ser explorado en profundidad. Pero desafortunadamente estábamos cortos de tiempo y ya teníamos pasajes en dos distintas compañías aéreas para llegar a nuestro próximo destino: Marruecos.
Luego de haber estado con unos anfitriones extremadamente hospitalarios y con una situación muy cómoda tanto en Doha como en Dubai, fue un poco difícil para nosotros volver mentalmente a pensar en estilo mochilero pero también estábamos listos para seguir nuestro planeado viaje.
Reda y Samantha nos llevaron hasta las oficinas de la Aerolínea Ethiad y ahí tomamos el charter que nos llevó nuevamente hasta el Emirato de Abu Dhabi. Nuestro vuelo hasta Doha tomó tan solo cincuenta minutos y ahí nos asentamos en el aeropuerto a esperar nuestro próximo vuelo a Casablanca, que no partía hasta la 1 de la mañana. Una vez que subimos nuevamente a la Aerolínea Qatar volvimos a estar en el cielo, literalmente. Toneladas de películas recién estrenadas, música de todos los géneros para escuchar, mucho espacio entre los asientos, muy buena comida y un avión no del todo lleno. Después de meses de no ver televisión o ir al cine, Gaby se dio una maratón de películas pero así y todo ambos dormimos muy bien en el largo trayecto de Doha a Casablanca.
A la mañana siguiente mientras volábamos sobre Marruecos camino a Casablanca, ubicada sobre el océano Atlántico, una nueva realidad nos sorprendió. El desierto seco y caluroso que dejamos atrás era reemplazado por frío y lluvias. El avión voló atravesó una tormenta y el suelo se veía triste, si bien verde. El clima era poco atractivo para andar mochileando. Basado en los que habíamos leído y oído de otros viajeros, decidimos dejar Casablanca inmediatamente sin visitarla y a cambio optamos por seguir camino y llegar hasta Essaouira. Una vez que obtuvimos nuestro equipaje nos pusimos toda la ropa que teníamos en capas, haciendo un efecto cebolla.
En el tren que nos llevó hasta la estación de ómnibus, una persona local nos sugirió bajarnos en la próxima parada y seguir hasta Essaouira en la otra dirección, a través de Marrakech, que terminaría siendo más rápida y más cómoda si lo hacíamos por tren. Luego de eso nos invito a que lo visitáramos en Agadir. Fue la primera de incontables veces que extraños nos invitarían a quedarnos con ellos en sus casas durante nuestra visita en Marruecos.
Nos bajamos en la siguiente estación de tren y compramos un ticket para el que iba hasta Marrakech. Nos sentamos en la confitería para tomar un café y comer una medialuna, todo en un estilo muy europeo. A pesar de que Marruecos es un país Islámico, es muy diferente que los otros países de Oriente Medio de donde veníamos. Su lenguaje y su cultura es una mezcla de elementos de África del Norte, Islámicos, Berbers y Europeos. Parece haber un parentesco con lo europeo con las cosas y la forma en que la gente se viste, una moda con más estilo. Cuando utilizábamos palabras árabes que habíamos aprendido en los países que habíamos visitado, los locales nos explicaban que muchas de esas cosas se decían de diferente forma en Marruecos. El Frances es el idioma principal y Gaby nos salvó con su conocimiento de esta lengua ya que muchísima gente no habla ingles.
Nuestro tren eventualmente llegó a Marrakech. El tren era relativamente nuevo, limpio, cómodo y con mucho espacio. Hacia afuera podíamos ver los interminables campos ahora verdes por las lluvias. A medida que nos acercábamos a Marrakech y la cadena Montañosa Atlas, la tierra era menos poblada y era reemplazada por zona montañosa y plantas silvestres. Cuatro horas más tarde llegamos a Marrakech. Ahí estaba diluviando y nos empapamos mientras tratábamos de caminar las pocas cuadras que separan a la estación de tren de la de ómnibus a donde compraríamos pasajes. Luego de comer algo nos subimos al ómnibus y nos encaminamos hacia Essaouira. El omnibus era un desastre. Eso nos sirvió como experiencia y decidimos que cuando sería posible tomaríamos trenes en vez de ómnibus). El viaje de Marrakech hasta Essaouira tomó cuatro horas más y para este entonces habíamos estado viajando más de treinta horas de corrido. Parecía que habíamos estado viajando por siempre. Finalmente a las 10 de la noche llegamos a Essaouira.
Finalmente.
Luego de haber estado con unos anfitriones extremadamente hospitalarios y con una situación muy cómoda tanto en Doha como en Dubai, fue un poco difícil para nosotros volver mentalmente a pensar en estilo mochilero pero también estábamos listos para seguir nuestro planeado viaje.
Reda y Samantha nos llevaron hasta las oficinas de la Aerolínea Ethiad y ahí tomamos el charter que nos llevó nuevamente hasta el Emirato de Abu Dhabi. Nuestro vuelo hasta Doha tomó tan solo cincuenta minutos y ahí nos asentamos en el aeropuerto a esperar nuestro próximo vuelo a Casablanca, que no partía hasta la 1 de la mañana. Una vez que subimos nuevamente a la Aerolínea Qatar volvimos a estar en el cielo, literalmente. Toneladas de películas recién estrenadas, música de todos los géneros para escuchar, mucho espacio entre los asientos, muy buena comida y un avión no del todo lleno. Después de meses de no ver televisión o ir al cine, Gaby se dio una maratón de películas pero así y todo ambos dormimos muy bien en el largo trayecto de Doha a Casablanca.
A la mañana siguiente mientras volábamos sobre Marruecos camino a Casablanca, ubicada sobre el océano Atlántico, una nueva realidad nos sorprendió. El desierto seco y caluroso que dejamos atrás era reemplazado por frío y lluvias. El avión voló atravesó una tormenta y el suelo se veía triste, si bien verde. El clima era poco atractivo para andar mochileando. Basado en los que habíamos leído y oído de otros viajeros, decidimos dejar Casablanca inmediatamente sin visitarla y a cambio optamos por seguir camino y llegar hasta Essaouira. Una vez que obtuvimos nuestro equipaje nos pusimos toda la ropa que teníamos en capas, haciendo un efecto cebolla.
En el tren que nos llevó hasta la estación de ómnibus, una persona local nos sugirió bajarnos en la próxima parada y seguir hasta Essaouira en la otra dirección, a través de Marrakech, que terminaría siendo más rápida y más cómoda si lo hacíamos por tren. Luego de eso nos invito a que lo visitáramos en Agadir. Fue la primera de incontables veces que extraños nos invitarían a quedarnos con ellos en sus casas durante nuestra visita en Marruecos.
Nos bajamos en la siguiente estación de tren y compramos un ticket para el que iba hasta Marrakech. Nos sentamos en la confitería para tomar un café y comer una medialuna, todo en un estilo muy europeo. A pesar de que Marruecos es un país Islámico, es muy diferente que los otros países de Oriente Medio de donde veníamos. Su lenguaje y su cultura es una mezcla de elementos de África del Norte, Islámicos, Berbers y Europeos. Parece haber un parentesco con lo europeo con las cosas y la forma en que la gente se viste, una moda con más estilo. Cuando utilizábamos palabras árabes que habíamos aprendido en los países que habíamos visitado, los locales nos explicaban que muchas de esas cosas se decían de diferente forma en Marruecos. El Frances es el idioma principal y Gaby nos salvó con su conocimiento de esta lengua ya que muchísima gente no habla ingles.
Nuestro tren eventualmente llegó a Marrakech. El tren era relativamente nuevo, limpio, cómodo y con mucho espacio. Hacia afuera podíamos ver los interminables campos ahora verdes por las lluvias. A medida que nos acercábamos a Marrakech y la cadena Montañosa Atlas, la tierra era menos poblada y era reemplazada por zona montañosa y plantas silvestres. Cuatro horas más tarde llegamos a Marrakech. Ahí estaba diluviando y nos empapamos mientras tratábamos de caminar las pocas cuadras que separan a la estación de tren de la de ómnibus a donde compraríamos pasajes. Luego de comer algo nos subimos al ómnibus y nos encaminamos hacia Essaouira. El omnibus era un desastre. Eso nos sirvió como experiencia y decidimos que cuando sería posible tomaríamos trenes en vez de ómnibus). El viaje de Marrakech hasta Essaouira tomó cuatro horas más y para este entonces habíamos estado viajando más de treinta horas de corrido. Parecía que habíamos estado viajando por siempre. Finalmente a las 10 de la noche llegamos a Essaouira.
Finalmente.
Steve

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