



En Egipto estábamos presionados por el tiempo. Teníamos tan solo dos semanas para ver el país porque teníamos pasajes para seguir viaje y ya habíamos postergado las fechas y no podíamos demorarnos más. Decidimos tomar el ómnibus de las 6am desde Nuweiba y cruzar el desierto del Sinai hasta la ciudad de Suez, luego ver como hacíamos para llegar de un tirón hasta lo más al sur posible, tratando de llegar lo más cerca de Aswan, casi al límite con Sudan.
Tomamos el ómnibus de las 6am que nos llevó a lo largo del hermoso Golfo de Aqaba y desde el comienzo estuvo más que claro que no romperíamos ningún record de velocidad. Primero, nuestro ómnibus era un desastre. Segundo, estábamos viajando por un camino super ventoso y tercero, debido a que el Sinai está ubicado tan cerca de Israel y por causa de las relaciones difíciles entre ambos países, nos paraban continuamente los puestos militares y teníamos que mostrar nuestros pasaportes.
Fue impactante para nosotros ver las millas y millas de centros turísticos abandonados a lo largo de la costa del Mar Rojo, ya que sus principales visitantes (los Israelíes) dejaron de venir a Egipto por miedo a ser capturados en la zona del Sinai. El panorama era dominado por el azul impactante del cielo, las rojizas montañas del desierto y las aguas celeste agua-marino. Mas tarde, a medida que dejamos la costa, el desierto se volvió arenoso y comenzamos a andar a través de millas de dunas.
Llegamos al famoso Canal de Suez y tuvimos otra serie de bloqueos y puntos de chequeo militar en donde terminamos de entender que Egipto esta muy preocupado por la seguridad de sus rutas. Atravesamos el túnel que pasa por debajo del Canal. Al mirar hacia arriba veíamos escuadrones de soldados, armados hasta los dientes con artillería pesada, que estaban posicionados a los lados del canal. Parecían estar preocupados por la seguridad del canal.
Al llegar a la ciudad de Suez inmediatamente compramos pasajes para otro ómnibus que iba hacia el sur. Tuvimos suficiente tiempo como para agarrar algo de comer y seguir de viaje. El ómnibus era muy sucio, muy lento y nos entraba la polución que emanaba por un agujero que había en el suelo.
Continuamos viaje al paso de un caracol y hubieron muchas paradas a lo largo del camino que desde un principio nos indicó que sería un largo día. Seguimos por el desierto hacia el sur a lo largo del hermoso Mar Rojo y pasamos una increíble cantidad de centros turísticos sin terminar de construir que bloqueaban las vistas fabulosas de las playas. En algún momento del viaje el sol se puso y se tornó oscuro.
En este punto el viaje dejó de ser divertido. Los adolescentes que estaban sentados detrás nuestros ponían la música de sus celulares a todo volumen, nuestros asientos estaban sobre el motor y la polución seguía entrando por el agujero en el piso. Llegado el momento la tuve que dejar a Gaby sentada al lado de la ventanilla abierta e ir a sentarme al frente con un extraño porque me estaba agarrando un dolor de cabeza terrible por el aire contaminado.
Llegamos a Luxor a las 0.30hs del día siguiente y encontramos un hotel alrededor de la 1 de la mañana. Habíamos pasado un día de 18 y 1/2 horas entre dos ómnibus. Estábamos negros de la mugre, cansados y muertos de hambre. Definitivamente no fue uno de los días más divertidos del viaje pero pudimos ver mucho del país y llegamos muy cerca de nuestra meta de cruzar el país de un lado al otro en el mismo día.
Steve

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