





Llegamos a la estación de tren de Cairo a las 4 de la mañana. Técnicamente habíamos alcanzado nuestra meta de unir por tierra Estambul y Cairo. Fue gratificante llegar finalmente a esta ciudad luego de varios meses en ruta. A esta hora, la ciudad estaba dormida y pudimos transitar por sus tranquilas calles camino a nuestro hotel.
Se parecía tanto a Buenos Aires que por momentos me pregunté si no estaríamos ahí. Cairo tenía un estilo muy europeo porque arquitectos de Bélgica, Francia e Italia diseñaron muchos de los edificios. La excepción de esto es la parte del Antiguo barrio Islámico, con sus calles angostitas, las cuales caminamos intensamente mientras nos perdíamos en los laberintos que olían a coriandro y comino.
Cairo es una ciudad gigante con aproximadamente 17 millones de habitantes. Está superpoblado, el transito es caótico y el aire tiene un nivel de polución tan alto que nunca antes habíamos experimentado. Así y todo es una ciudad fantástica y realmente disfrutamos mucho explorar todas sus áreas. Hay tanto que ver en esta ciudad que nos tuvimos que organizar muy bien y visitar un área a la vez.
Nos hospedamos en un hotel en el centro. Estaba muy bien ubicado, sus balcones daban a una de las plazas principales y estábamos a un par de cuadras del Río Nilo. También estábamos a tan solo unas cuadras del Museo Egipcio, el cual visitamos y fue una experiencia increíble. Cada esquina del museo está llena de increíbles trozos de historia, desde momias hasta sarcófagos, desde joyas hasta estatuas y más. Atravesar ambos pisos del museo y sus varias galerías puede ser un poco aturdidor y experimentamos en carne propia lo que llaman “Fatiga Faraónica”. La sala de “Joyas Egipcias Antiguas” es realmente increíble, ahí se pueden encontrar los collares de Tutankamón y los capuchones de oro que los faraones usaban en los dedos de sus manos y sus pies. En especial nos gustaron muchísimo los tesoros extraídos de la tumba del Rey Tutankamón.
A pesar de que el Barrio Antiguo Islámico de Cairo fue un recordatorio de cómo se ve el resto del país, la parte nueva de la ciudad estaba llena de patisseries y boulangeries al mejor estilo parisino e impregnaban el aire con aromas a pan casero recién orneado.
Habíamos tenido nuestras reservas respecto a visitar Cairo, habíamos escuchado muchas historias sobre trampas y molestias causadas por los locales, pero no tuvimos ningún tipo de problema durante nuestra estadía y de hecho la disfrutamos muchísimo.
Gaby

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