
La cocina Marroquí ha estado entre nuestras comidas étnicas favoritas durante mucho tiempo y poder ir significó la posibilidad de probar todos los platos tradicionales que disfrutamos.

Definitivamente disfrutamos el verdadero couscous mucho más que esa cosa amarillenta que venden en caja, con instrucciones en un costado que dicen que hay que agregar agua y esperar tres minutos. El verdadero couscous es una pasta fina, pálida, del tamaño de un grano, que es enrollada a mano y cocinada suavemente con el vapor de un caldo muy aromático y servido con vegetales y carne.
Nos dimos cuenta que los Marroquíes prefieren utilizar el azafrán, comino y jengibre y que adhieren mucho colorante amarillo a sus comidas.

Con una fuente de barro que tiene una tapa cónica y con vegetales frescos, los Marroquíes pueden cocinar espectaculares “Tajines” (guisos) que se pueden encontrar en todo el país, aunque en cada región tienen una forma específica de hacerlo así como ingredientes que son típicos de la zona.
Encontramos también que todas las ciudades que visitamos tienen influencias culinarias de otros países o regiones y esto hizo las cosas más interesantes. En Essaouira tenían influencia Portuguesa y Judía, en Fez era de Andalucía o Persa, en Marrakech era de Senegal, Francia, Italiana y Berber y en Chefchaouen, Andaluza y Turca.


Marruecos ofrece muchísimos lugares donde uno puede “picar” algo. Los vendedores callejeros se alinean con sus puestos y venden comidas exóticas como caracoles, cabezas de oveja con sus cerebros y lenguas hervidas, hay también muchos puestos de helado (al estilo del gelatto Italiano) y también se puede encontrar puestos de deliciosos jugos recién exprimidos donde uno puede tomar un vaso de vitamina C en camino.
Una de las sorpresas placenteras fue que por primera vez en este viaje encontramos vino producido localmente de muy buena calidad. A pesar de que comprarlo para llevarlo con nosotros, era a veces una aventura debido al hecho de que Marruecos es un país Musulmán. Definitivamente disfrutamos compartir un vaso de buen vino con otros viajeros o con los pocos locales que podían beber bebidas alcohólicas.


Como en otros países Árabes, tuvimos nuestra buena cantidad de Kebabs, Koftas, Shwarmas, Brochettes, etc. Pero también encontramos lugares como Asilah, en la costa, tan cerca de España, donde hacen espectaculares paellas y tortillas Españolas, dos de nuestros platos favoritos en el mundo. Encontramos que la comida era muy fresca, sin productos químicos ni preservantes.
Todo lo que me queda decir es que no hay forma de que uno pase hambre en Marruecos!
Gaby

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