Después de un par de ómnibus y un ferry llegamos a la isla. El muelle estaba lleno de barcos y las casitas blancas trepaban las laderas de las colinas. Un gran fuerte medieval se erigía sobre la ciudad.
Al llegar al muelle, ya de noche, nos dimos cuenta que estaba lleno de turistas. Encontramos que los hoteles en la isla eran muy caros para lo que ofrecían, además de estar fuera de nuestro presupuesto y entonces decidimos quedarnos en una de las muchas pensiones familiares.
El pueblito de Bozcaada es un lugar para explorar y pudimos ver a los trabajadores prensando las uvas en una de las bodegas locales, también disfrutamos de los negocitos y las casas antiguas que hay.

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